jueves, 14 de mayo de 2026

El Álamo

    Un poema de Mariam Magret

El Álamo.
Regresará el invierno con sus blancos copos de nieve
y chuzos de punta.

La luz y el ambiente se enfrían, mostrando su llegada. 

Oh, Amado, que ni el viento ni la nieve nos separen.


¡Amado, Amado!, ¿por qué me haces sufrir tanto? 

¿Qué es mi vida sin ti?, un frenesí,

y cuando estoy contigo, siento como si hubiera subido a la cumbre de una montaña.


Allá donde el amor todo lo puede, 

donde el amor converge en el centro de nuestras almas.

Allí y solo allí, Amado, podré vivir en paz. 


No hay nada que no hiciera por ti. 

Mi sombra siempre te acompañará.

Amor mío, te quiero y nada ni nadie podrá cambiar eso.


Pero hoy mis hojas se marchitan esperando tu llegada, 

el tiempo pasa como las hojas de tu libro. 

Y yo cada día te extraño más. 


Tú me diste amor al recitar tus poemas.

Mas como tú no estás y no tengo ahora tu amor,

siento cómo si el invierno llega, y cada día me pongo más triste.


Noto cómo tu amor se vuelve cada día más frío e inalcanzable.

Y sin él, cada día es un calvario, el tiempo se sucede, la vida corre, salta, vuela por delante de mí, más yo cada día estoy más triste.


¡Oh Amado, cómo sufro en esta vida si tú no estás a mi lado!


Mariam Magret


Dulces Bailarinas

      Un poema de Greta Roca
 
Dulces bailarinas

Oh, dulces bailarinas de la noche,
entre el mar oscuro os escondéis,
oh, tímidas constelaciones que
con el ritmo del silencio os mecéis.

Entre vosotras, un recuerdo se disfraza
mientras un ser de luz descansa.
No olvidéis cumplir aquellos deseos
anhelados una noche de destellos.

Querida y apreciada Osa Mayor,
sigue cuidando a tus menores,
reina cálida del norte,
arrópame en tus suaves brazos
mientras ellas bailan en la corte.

Oh, bailarinas, guiadnos a todos,
miserables e incomprendidos seres,
que con un simple destello
nos ilumináis como aquella vez en Oriente.

Aunque la estrella mayor haya despertado,
vosotras seguiréis vigilando
con esa paciencia y serenidad,
para que cuando él se acueste,
nos volvamos a encontrar.

Greta Roca


Oh, Pi Margal.

         Un poema de Marta Riveiro

 Oh, Pi Margal,

durante eternos veranos nos vimos crecer,

tardes y mañanas que no querían acabar,

por tus pasillos corría sin nada que perder

mientras la sal del Pacífico intentaba entrar.


Despertar con el sol atrapado en los rincones,

caminar, vivir, saludar a la gente del lugar,

recorrer a pie todos los callejones

que morían siempre en un atardecer frente al mar.


Oh, Pi Margal,

las gaviotas se lamentan al ritmo de las olas,

y los recuerdos se hunden bajo el polvo del ayer,

los muebles se marcharon en silencio, a solas,

y ya no habrá más días que volver a encender.


Dudo que algún día tus puertas vuelva a ver,

fuiste lo mejor que guardo en la vida,

y solo el tiempo me ayudará a entender

cómo cerrar la herida de tu despedida.


Oh, Pi Margal,

Hoy camino despacio por calles que no responden,

y busco tu sombra en fachadas de sal y cristal,

pero el eco de mi voz en ti se pierde y se esconde,

como si el tiempo aprendiera a no mirar atrás.


Y aun así te sueño en la espuma que rompe en la orilla,

en cada puerta cerrada que no supe volver a abrir.,

Pi Margal, hogar que en mi memoria aún brilla,

aunque el mundo haya decidido verte morir.


Marta Riveiro



martes, 12 de mayo de 2026

LUZ DE LUNA, TRIBUNA DE VERSOS

¡Sí,!

Yo también llegue hasta aquí,

por un camino de versos,

versos hechos de palabras,

con apostrofes y acentos.


Tuve que dejar atrás,

pesadillas, malos sueños,

por los que creen que la fuerza,

es razón para los derechos.


La tierra de donde vine...

siempre me late por dentro.

A.D.N. de mi alma,

y calcio para mis huesos.


Voy ligero de equipaje,

pues solo traje recuerdos.

¡la ternura de unos labios!

¡los colores de un paisaje!


Pobre tesoro que esconde

esta alma que aun me late  

entre nostalgias y olvidados,

de mi tierra de mis padres. 


¡Y sí!

Yo también llegue hasta aquí,

por los senderos  inciertos

buscando mi  dignidad

¡como otros muchos pueblos!


A esta tierra Catalana,

de oportunidad y encuentro,

donde se habla Catalán,

y quieren tocar el cielo.


¡Torres de almas y hombres,

en armoniosos esfuerzos!


Hoy he subido hasta aquí,

a esta tribuna de versos,

tan blanco como  esta luna

es el color de mi sueño.


Antonio Villegas Martin