sábado, 15 de octubre de 2011

EL ALMA DE LOS VIÑEDOS


           


Esas cepas que plantaron
nuestros abuelos y ancestros,
ya terminaron su pena,
su cura de frío y viento.

Despojadas y desnudas,
sin pámpanos ni sarmientos,
Solo sus almas expuestas
a todos los elementos.

¡Para ser dignas de vida!

¡Para comenzar de nuevo!

Robándole al arco iris
los colores de su espectro.

Recogiendo la energía,
las fragancias de los vientos,
la frescura de la lluvia
corriendo por sus sarmientos.


Ya verdean sobre los cerros
llenas de racimos nuevos,
rezumantes de dulzura
para hacer el vino nuevo.

...Y comienza la vendimia,
gentes de todos los puertos,
que la viña siempre supo
hermanar almas y pueblos.

Con cestos llenos de uvas
recorriendo tus barbechos,
llevándolas al lagar entre
risas y esfuerzos.

¡Y dormirás en bodega!
con cuna de roble y tiempo,
perdurando así por siempre
en la noche de los tiempos.

¡Y despertar al chasquido!
de unas copas de cristal
brindando por la alegría,
el amor o la amistad.

Renaciendo la fragancia,
luz, energía y bondad,
de un tiempo y una tierra
que solo vosotras 

supisteis guardar.

¿Cuando bebas de tu copa?
seguro que notaras

 el alma de los viñedos
que latiendo en ella esta.

Y el buen hacer 
de las gentes,
que las supieron tratar.


Antonio Villegas Martín

1 comentario:

  1. Precioso poema, Antonio. Nací en tierra de viñedos y aunque luego la vida de allí me llevó lejos, guardo un precioso recuerdo de mi pueblo, de sus gentes y de sus campos de vides, de las uvas maduras en la época de vendimia, del aroma de la tierra con los surcos abiertos... tu poema me ha hecho revivir con verdadero deleite el bello entorno de mi infancia. Gracias por tus versos.

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