jueves, 29 de febrero de 2024

CANTA EL VIENTO UNA CANCIÓN

Para Paquita Regalón "Cantante, y Rapsoda


Canta el viento una canción, 

nadie sabe que es robada,

la canta para la flor

y del ruiseñor es nana.


Bailan los cielos de azul

con nubecillas aladas,

las notas de su compas

los versos de esta tonada.


Y por la noche la luna

sale radiante plateada.

Cuentan que allá entre estrellas

sueña corriendo, alocada.


Para llegar a la cumbre

donde el viento seductor

silva entre rocas y jara,

las notas de una balada. 


¡Canta el viento una canción!

¡Nadie sabe que es robada!


Más cuando llega la luz

alumbrando la mañana,

halla al viento picarón

con la oreja en la ventana.


Es la casa de Paquita 

que canta cada mañana,

sabe que el viento espera

su canto cada alborada.


Para que sueñe la vida

amaneceres de amor,

tardes de rosa y naranja,

con noches, de luna clara.


¡Canta Paquita!

Para que el viento nos bañe,

con tu voz enamorada.


Antonio Villegas Martín

27/02/24

domingo, 18 de febrero de 2024

ALFONSINA Y EL MAR

Fotografía ,David Solanilla y Antonio Villegas


Bájame la lampara un poco más.
déjame que duerma nodriza en paz.
y si llama él no le digas que estoy
di que Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Alfonsina y el mar.
Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma
Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada en el canto de las
Caracolas marinas
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá, como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar
Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos harán
Una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado
Bájame la lámpara un poco más
Déjame que duerma, nodriza, en paz
Y si llama él, no le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve
Y si llama él, no le digas nunca que estoy
Di que me he ido
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá, como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

Un poema de Félix Luna

domingo, 11 de febrero de 2024

CHARQUITOS

Canta Paquita Regalón

Por el senderillo,
que lleva a la playa
¡Charquitos de lluvia!
¡Charquitos de agua!

Tiene un petirrojo,
que lava sus alas,
y una florecilla,
que mira, y se calla.

¡Hay briznas de hierba,
que surcan la brisa,
buscando la playa!

Antonio Villegas Martín
11/02/22





jueves, 1 de febrero de 2024

UN TIEMPO DE PRIMAVERAS SOÑADAS

         Foto de David Solanilla Sánchez


Muestra el sol, su luz cada mañana,

por el este, sobre un mar de azul y grana.

Roba el viento, esa hoja enajenada,

que a su árbol, aun seguía aferrada.


Y es el cosmos, carrusel de luces claras,

que la luna ve pasar adormilada.

Al silencio de la noche fría y clara.

El lamento de mi tierra resecada.


Hay un tiempo de primaveras doradas,

que en mi mente de chaval quedo marcada.

Era el coro de la lluvia enamorada.

Era el canto del arroyo en las montañas.


Ya no llora el mar que ayer lloraba,

al consuelo de una tierra asediada.

Ya no suena la canción que antes sonaba,

que el arroyo  sobre las piedras cantaba. 


Antonio Villegas Martín

10/01/24



CORRÍA LA BRISA FRESCA

 Para A.M.

Corría la brisa fresca,
por el sendero del río.
Dos chiquillos que jugaban.
Yo en el brillo de tus ojos,
mientras tú buscabas nidos.

Bajo el alero del puente,
¡Ese que aún cruza el rio!
Un nido de golondrinas,
con esmero construido.

En el nido pajarillos,
con sus picos encendidos.
Tú como las golondrinas,
cuando termina el verano
marchabas a otro destino.

-Lucía la Luna nueva-
Eran las noches de estío.
Cumplidos los dieciocho,
diez años han transcurrido.

Han vuelto las golondrinas.
Cada año al mismo nido.
Mientras alegre me cuentas.
¡Que has conocido a un amigo!

Más tarde, ¡Cuando te fuiste!

Yo recogí los pedazos,
de mi corazón partido.
¡Corría la brisa fresca
por el sendero del río!

Luego  la vida que impone,
los requiebros del camino.
Con su reloj imparable,
vuelves al mismo destino.

Tú me mirabas radiante.
Yo de tus ojos prendido.
Le muestras a tus nietos,
las golondrinas los nidos.

Te acercaste  corriendo
como  la brisa del río,
¡Mientras dices a los niños!
Un amigo de la infancia,
el que cuida de los nidos.

Dos besos  en mí mejilla.
Un abrazo estremecido.
La ternura de tú infancia
volvió para estar conmigo.

Yo te miré, !Eras tan feliz¡
Y un pensamiento me vino.
¡Que suerte tienes ladrón!
Por estar en su camino.

Corría la brisa fresca
por los senderos del río.
Mientras la Luna lucia...
Lanzaba su flecha cupido.

Antonio Villegas Martín
14/08/23 

lunes, 29 de enero de 2024

ROMANCE SONÁMBULO

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.


Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser, con
las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna por
donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde cama, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Federico García Lorca

lunes, 15 de enero de 2024

AQUEL SITIO DE MI PUEBLO


Hay un sitio aquí en mi pueblo,

es pequeñito y modesto.


Tiene dos rosas de azul, 

en un barandal que es de hierro.

Y alguna otra macetilla,

con florecillas del tiempo.


Luce sobre una colina,

donde libre juega el viento.


Cuentan que su dueña tiene,

una maquina del tiempo,

que con un solo suspiro,

inmortaliza el momento.


Sale el sol cada mañana,

frente al lugar que les cuento.

Pintando de mil colores,

los amaneceres nuevos.


Luego, en la noche la Luna,

pasa con pasito lento,

para aparecer radiante

en su foto de blanco y negro.


Más, ¡Más allá! Tras de la Luna,

donde se termina el cielo.

Hay un pulsar, que al compas,

canta su mensaje al tiempo.


¡Es un mensaje de amor!

Es, ¡Carolina te quiero!


¡Por tu cuerpo de chiquilla!

 ¡Por las puntas de tu pelo!

¡Por el pañuelo de sueños

que te enredas en tu cuello!


Hay un sitio, aquí en mi pueblo,

es pequeñito y modesto.

Tiene dos rosas de azul

en un barandal que es de hierro.


 Donde sale Carolina, 

 para extender sus sueños.

Mientras el cosmos admira,

la belleza de sus gestos.


Antonio Villegas Martín

Para Carolina Villarroya Valles. ¡Lucero de este universo!

15/01/24